viernes, 17 de octubre de 2008

Intro Programa Nº 17

Esta historia comenzó con aquel sujeto que se reconoció en el espejo. Que se hizo conciente. Aquel que conoció su interior. Su alter ego. Una mala persona con su bondad siempre latente. Ese tipo dicotómico, contradictorio. Aquel que se dio cuenta que en su interior se desarrolla una lucha permanente entre la vida y la muerte. Entre su yo egoísta y su yo solidario. Entre lo vil y lo noble. Entre los humano y lo animal. Entre lo creativo y lo destructivo. Entre lo individual y lo genérico.

Aquel que quiso abandonar la impostura. Aquel que salió a la calle y ya no fingió. Que fue al emporio de la hipocresía, de la doble moral y vomitó su conflicto a los otros. Y así fue encontrando a muchos como él. Se reconoció ahora en un colectivo y fue reconocido. Ahora ya no está solo. Ya no es él, sino que son ellos. Y ellos somos nosotros. Vasto conjunto de contradicciones. Impulsor de un movimiento continuo hacia alguna parte. Motor esquizofrénico que avanza sin dirección clara, pero que va. Siempre amenazado con el peligro de chocar, pero que se las arregla para evitarlo.

Ahora somos muchos marchando descaradamente y sin solemnidad. ¿Qué queremos? No lo sabemos ¿Qué buscamos? ¿La autenticidad tal vez? Quizás ¿Qué nos moviliza? ¿El desprecio a la superficialidad, a la ignorancia, a la banalidad? ¿La repulsión hacia la naturalización creada e industrializada por la cultura actual? No hay respuestas ¿Perseguimos una utopía? Si, somos una bola de estúpidos buscando desestupidizar lo estupidizado.

Sólo tenemos claro que no queremos estar quietos mirando el espectáculo. También queremos actuar. Nos negamos a ver sentados cómodamente cómo el gran teatro se nos viene encima y los titiriteros salen indemnes una vez más. Para ello, buscamos respuestas a preguntas que no tenemos.

En definitiva no somos más que esto: una horda de seres en duda constante nadando en los océanos de la confusión. Buscando una brújula que nos oriente hacia aguas menos tormentosas y menos profundas. Ya nos conocen. No somos expertos nadadores. Y si bien es cierto que muchas veces nos ahogamos en vasos de agua, hacemos lo posible para mantenernos a flote.

Es lo que tenemos para ofrecer. Ni más ni menos. Aquellos que estén dispuestos a hacer la experiencia sólo tiene que arrojarse, bracear y patalear. Al agua pato. Al agua mono.

No hay comentarios: