Hey! ¿Qué hay de nuevo en la obsoleta cultura del reciclaje? ¿Esta vieja cultura nueva o nueva cultura vieja? A nadie escapa que hoy, todo suena y huele a pasado y se viste con ropajes de originalidad. Todo lo que vemos y oímos termina resultándonos un de javu, una experiencia vivida. Todo se presenta como un gran homenaje. Hoy lo original es hacer perdurar el pasado en finas mixturas que siempre terminan por ser descubiertas. "Esto se parece a…" Sin embargo, la gran masa de ciegos que somos creemos ser testigos de la novedad y, como si fuera poco, intentamos poseerla.
martes, 26 de agosto de 2008
Intro Programa Nº 9
martes, 19 de agosto de 2008
Intro Programa Nº 8
Yo señalo, tú señalas, él señala, nosotros y ellos también. Yo acuso, tú acusas, él acusa, nosotros y ellos también. Yo finjo, tú finges, él finge, nosotros y ellos también. Yo no me hago cargo, tú no te haces cargo, él no se hace cargo, nosotros y ellos tampoco. Hipócrita yo, hipócrita tú, hipócrita él, hipócritas todos, ellos y nosotros. Lo importante no es ser honesto, sino parecerlo. Lo importante no es ser competente sino “dar la sensación” que lo somos. Lo valorable no es ser sensato o responsable sino mostrarnos de modo tal que se genere la creencia en ello. Todo depende de la fe.
Lo significativo hoy parece ser vestirse y peinarse bien. Llevar aparatitos en la mano, cositas cableadas en los oídos, fierritos de formas varias mutilándonos la piel y algún dibujito raro ornamentando alguna parte de nuestro cuerpo. En los ’70 ser adolescente o joven era peligroso, era ser parte de un grupo humano sospechoso. Hoy en cambio, ser joven o adolescente, es formar parte de un nicho de mercado, un target. Ayer importaba el qué pensás, hoy el qué tenés. Ayer eran las ideas, hoy es la apariencia. Ayer era llevar puesto en la cabeza y en la lengua a Marx, Lenin, Mao, Trotsky, Fidel, el Che, Perón, Walsh o John William Cooke. Hoy es llevar el chupín, el brushing, el piercing y las John Foos. Antes no importaba demasiado tu vestimenta porque había algo por hacer: cambiar el mundo. Hoy el mundo cambió y lo importante no es sólo no hacer nada sino comprar un calzado para ello.
Hemos caído en la cuenta que por estos días ser imbécil es una virtud. Ser imbécil hoy es un atributo valorado socialmente. Cotiza. Ser imbécil es ganar, ser mediocre también. Si sos imbécil y tenés auto es estimado doblemente. Si además tenés una novia tonta y rubia multiplicalo por tres. Los imbéciles dominan el mundo. Invaden países, hacen la guerra, ganan por fraude, desestabilizan gobiernos democráticos y otras cosillas por el estilo. Pero, sabemos que los imbéciles sólo cumplen un papel: el de idiotas útiles. Detrás de cada gran imbécil siempre hay una gran organización de tipos inteligentes muy racionales y poco razonables. Estos son igualmente peligrosos o peores que aquellos. Son los imbecilizadores, los que piensan la matriz y la ponen en funcionamiento. Hacen la estructura estructurante que nos estructura. Y aunque siempre hay una alternativa para evadirse de ella, muy pocos son los que logran zafar. La mayoría quedamos atrapados en las redes invisibles de la imbecilidad. Vemos Mtv, Mañanas Informales, Patito Feo, Intrusos y todo lo que termina en ando por un sueño. Escuchamos Cadena 3, decoramos diariamente nuestro flog con fotos y deformaciones lingüísticas, ponemos la jeta en el Facebook, o le consultamos a quien nos acompaña al supermercado la marca de yogurt por teléfono a pesar de que se encuentra a tres góndolas de distancia. Nos ponemos remeras con leyendas que dicen “Mi voto no es positivo” y gastamos la tarjeta de crédito comprando compulsivamente cosas que en escasos meses indefectiblemente serán obsoletas por dictámen de la moda y el buen gusto de la mercadotecnia. Alguien dijo alguna vez, y con sabia razón, el buen gusto es el primer refugio de los imbéciles. Es bajo ese criterio, de refinado buen gusto y paladar exquisito que hacemos este programa. Salúd!
Intro Programa Nº 5
Oye tú receptor activo, soberano consumidor de contenidos mediáticos y culturales, que crees tener la capacidad de reinterpretar lo que te digo, o de hacer con mis mensajes lo que te venga en gana ¿Crees que no puedo influenciarte? De eso también nos encargamos, de hacerte pensar que no podemos. Quiero que sepas que fuiste hecho a nuestra imagen y semejanza, el público al cual perteneces, esa masa informe, difusa e indeterminada, fue pensado, calculado y producido industrialmente por nosotros. Sabemos qué es lo que te gusta y por eso te lo damos, y te gusta aquello que nosotros queremos que te guste. Nosotros te creamos, nosotros te moldeamos ingenuo Adán de la cultura massmediatizada. No me malinterpretes, no te resistas… o haz lo que quieras. Total, toda nueva interpretación que hagas y toda resistencia que realices caerá dentro de los límites tolerables por nosotros establecidos. Para tí y los que piensan igual que tú ofreceremos productos afines a sus intereses e ideologías, con críticas moderadas y lavadas que provoquen la satisfacción de creer haber transgredido las barreras de lo que el sistema soporta. Ya construimos a tus artistas, produjimos sus discos, estampamos sus remeras, ya pensamos en cómo te peinarás y cómo te vestirás. Ya pusimos a funcionar la maquinaria que conduce a que hagas de cuenta “como si” fueras rebelde y para que otros al verte hagan de cuenta “como sí” fueras un bicho raro. Eres ahora parte de un nuevo target, un nuevo blanco consumidor, que elige entre un menú acotado y seleccionado por nosotros. Tu rebeldía cotiza y paga con tarjeta en tres cuotas sin interés.
