No es natural que todo tenga un precio. Todo es una construcción. Todo es consecuencia y resultado de complejos procesos históricos, políticos y culturales. En ellos los sujetos hemos sido moldeados de tal manera que hoy todas nuestras prácticas parecen orientarse a calcular costos y beneficios individuales full time. Día y noche, los 365 días del año.
Hay quienes se resisten a ese tipo de praxis y optan por no dar crédito a dichas fábulas. Gente que duda, que descree, que se interroga, que se rebela. Gente inadaptada, incapaz de asimilar las normas que hacen a un país moderno y desarrollado. Que no tienen apego por la propiedad privada. Que en lugar de aportar a la sociedad actuando egoístamente prefieren servir a los otros desinteresadamente, cooperar, ser solidarios. Generalmente, estos tienden a ser considerados locos o antisociales por aquellos que regulan y prescriben lo que es normal y aceptado socialmente.
A los antisociales, inadaptados, disfuncionales, locos hay que controlarlos, y de ser posible encerrarlos. Prohibirles las manifestaciones públicas. Hay que desalentarlos a protestar, descontándoles los días que paran para reclamar sus derechos. También hay que descalificarlos: “No quieren trabajar”. “Que dejen de quejarse y vayan a laburar”. “Vagos”. “Sólo molestan y dan una mala imagen al turismo internacional.”
En esta construcción, nosotros hacemos nuestra parte. Colaboramos en la producción cotidiana de la realidad. En contar la historia de modo particular, parcial, pero con la pretensión de universal, unívoca, incontrastable. Ayudamos en la elaboración de la agenda pública, de ordenar y jerarquizar lo importante y relevante. También en silenciar lo que contradice nuestros intereses sectoriales. Nombramos, calificamos, reforzamos ideas, no decimos qué pensar sino sobre qué. Damos al público lo que quiere, aunque previamente generamos la necesidad de qué es lo que querrá. En síntesis, ayudamos a mantener la ficción en la que estamos viviendo. Esto ya lo hemos dicho una y mil veces pero ustedes parecen no darse cuenta. Será que lo hacemos muy bien.
Entonces, decíamos, nada es natural y sin embargo hoy, todos tienen algo en común (son cosas, objetos, mercancías y tienen precio). Todos, incluso mi mono y yo.
